martes, 30 de diciembre de 2025

Aquel día en Tailandia, 2017

Hoy quiero contarles sobre cómo casi muero en alguna isla cerca de Tailandia, el Este de Phuket (la isla se llama Koh Khai Nok, acabo de investigar).


Creo prudente empezar la narrativa desde las circunstancias que nos llevaron a ir a dicha isla, para hacer esto más interesante (o hacerle más a la mamada, lo cuál será decisión del hipotético lector de estas letras).


En septiembre de 2017 llegamos a Phuket ya bastante cansados, era la última parte del viaje. Ese día estuvimos en la playa e investigando sobre los tours para, el día siguiente, visitar las islas Phi Phi. Logramos reservar uno sin tanto problema y todo iba en marcha.


El hotel donde estábamos (una maravilla por cierto), estaba un tanto alejado del centro de todo, vaya, tenías que salir en transporte para ir a cualquier lado. Así que, en la noche, mi carnal lanzó el comentario más inocente del mundo:

  • Vamos al centro wey, a cenar.
  • Si quiero, pero ya estamos muy jodidos y mañana tenemos que levantarnos temprano.
  • Tienes toda la razón, por eso vamos por algo “tranqui”


En este momento seguro quien lea esto pensará: ese algo “tranqui” quiere decir que valió madres todo. Y si, efectivamente así fue. Fuimos a cenar, claro, como era el objetivo. Pero también aprovechamos para ver la noche local. 


Phuket es famoso por sus bares, por la prostitución de chicas trans (kathoey), la fiesta, la destrucción del individuo. Si usted vio The Hangover 2 me entenderá perfecto. Así que visitamos algunos bares y decidimos quedarnos en uno donde una banda tocaba covers. Donde por cierto, me subí a cantar, bien culero, pero siempre con un chingo de actitud.


Después de deambular un poco y sufrir para pagar un Tuk Tuk porque ya no traíamos efectivo, regresamos al hotel y pues, siendo estúpidos como los somos , en lugar de dormir decidimos seguir la tertulia desde el balcón de mi habitación, el cual, por cierto, daba al mar abierto.


Quiero hacer aquí un paréntesis para recordar como, en esos momentos, en ese balcón, no pude evitar recordar que cerca de ahí fue el epicentro del tsunami que en 2004 se llevó a tanta gente. De esos momentos que hacen que te cuestiones tu existencia y agradezcas a la vida por el simple hecho de existir.


Al otro día, para el tour a la Islas Phi Phi, nos recogían a las 8:00 AM. No lo logramos. Evidentemente seguía dormido, no lograba levantarme (por mi mismo por lo menos) a pesar de los mejores esfuerzos de mi querido acompañante. Nos dejaron. Esos bastardos se fueron sin nosotros. 


¿Y qué más podíamos hacer? El desayuno estaba incluido así que, sin otra cosa que pensar en el momento sugerí que desayunáramos bien, en paz y con una puta cruda horrible y luego bajáramos a la playa a buscar otro tour.


Y eso fue lo que pasó, buscamos pero ya era imposible llegar a las islas Phi Phi a esas alturas, así que tuvimos que conformarnos con otra opción. Una ida larga, larga, y difícil (la resaca pues).


Al llegar a la isla, había una plataforma tipo muelle conformada a su vez por pequeños recuadros de plástico azul que flotaban como madera.


Al inspeccionar el lugar, la señorita que iba con nosotros, exclamó:

  • Les invito una bebida si brincan desde ahí.


No se diga más. Eso hicimos. Sin saber, ninguno de los tres, que la corriente que atravesaba por ahí salía hacia mar abierto. Al caer al aguaba sentía como el mar me jalaba. 


La corriente era contraria al lugar desde donde saltamos. Es decir, la fuerza era tal que irremediablemente te jalaba por debajo de la plataforma. En un principio, con esfuerzos, logramos sostenernos a dicha plataforma. Claro que estaba erosionada por el mar, por lo que en algún momento me corté la mano y me solté por reflejo. 


Ahí fue donde vino lo peor. Llevábamos chalecos salvavidas, así que, el agua me tenía atrapado debajo de la plataforma y el chaleco impedía que pudiera salir, además de que, como me impulsaba hacia arriba, hacía que chocará con la plataforma, lo cual hizo que terminara con más cortes en los brazos. No sé cuánto tiempo pasó, solo recuerdo pensar:

  • Calma, eres inteligente, tiene que haber una manera, no entres en pánico.


Así que vino a mi mente: la corriente jala hacia el otro lado. No puedo luchar con eso, así que lo voy a aprovechar. Nadé hacia abajo, con la intención de que la corriente y el chaleco me libraran del espacio donde estaba atrapado por debajo de la plataforma. Funcionó. El tema ahora era salir en el momento preciso donde pudiera tomarme de la plataforma sin que la corriente me secuestrara y me escupiera en algún lugar de Filipinas.


Obvio no lo logré, soy torpe físicamente. Hasta que un nativo nos vio y llegó a ayudarnos con, voy a suponer, algún tipo de remo, no recuerdo. Salí de ahí sangrando y pálido, y emputado, pero vivo. Mi salvador (después de todo el drama) nos dijo:

  • No vayan a nadar ahí no vayan a ser tan pendejos, se los va a llevar la corriente.


Demasiado tarde. Pero logramos superarlo. Imprudentemente, por desconocimiento, tuve una experiencia que hoy, cuando lo pienso, podría haber terminado de maneras muy diferentes y no tan felices.


Wey, en algún universo yo dejé de existir ahí, ¿qué pedo?


Al final no recuerdo si la señorita nos compró el trago, supongo que sí. Aunque yo hubiera preferido un bolillo.




domingo, 11 de febrero de 2024

De mis primeros viajes, una experiencia

Hablando de viajes, ahora que pensaba en China, justo recuerdo una de esas primeras aventuras que simplemente suceden. Aunque esta, en particular, fue por idiota.

Estando en Shanghai, un objetivo del viaje era visitar Xi’an, para conocer los guerreros de terracota (los enemigos de Brendan Fraser en la Momia 3). Sin reservas, sin plan, sin nada concreto, solo la firme intención de ir.


Así que un viernes, temprano, así de bien huevotes, decidí que era una excelente idea ir al aeropuerto a comprar un vuelo a Xi’an (así tal cual, como si se tratara del pinche metro). 


 Supongo que en mi cabeza pasaba algo así:

  • Buen día señorita, ¿me vende un vuelo a Xi’an? El que sigue está bien.

Obvio no había vuelos continuos, así que llegué al lugar alrededor de las 2 o 3 PM listo para ir a visitar los guerreros de terracota. De nuevo, en mi mente pasaba algo así: llegas al aeropuerto, preguntas que pedo, te llevan y luego ya regreso a Shanghai en la noche o el sábado temprano.


Pues no había tours a esa hora, más bien fue algo así: 

  • No mi joven, ya es tarde para eso, lo pueden llevar en taxi ahorita pero ps ni lo va a disfrutar, mejor hágalo mañana.

Así que un poco derrotado, tomé un bus a la ciudad para llegar a buscar donde dormir, comprar el tour del día siguiente y ver que había que hacer en aquel lugar. Resulta que es una ciudad amurallada, y puedes dar la vuelta sobre la muralla en bici, así que eso hice. Claro, después de registrarme un cuarto de hotel súper pequeño pero a buen precio y reservar el tour para el día siguiente. Valió totalmente la pena toda la experiencia, la ciudad de Xi’an es un lugar muy lindo.


Así entonces, el sábado bajé a desayunar y luego pasaron por mi. Fuimos un grupo de personas de varios de países, de los cuales tengo unos agregados en Facebook, de esa gente con la que nunca en la vida vuelves a hablar.


Durante el tour escuché hablar de la calle musulmán, de cual todos me decían: “Tienes que ir we”. 


A partir de aquí no recuerdo exactamente como sucedió mi salida al aeropuerto, pero creo que fue algo más o menos así:


Los buses rumbo al aeropuerto solo pasaban cada cierto tiempo, no cada 15 minutos como esperaría pensando cuando vas a Pantitlán. No recuerdo que sucedió primero, pero fui a la calle musulmán y terminé tomando un bus alrededor de las 20:00, que llegaba al aeropuerto tipo 21:15, esperando llegar y de nuevo subirme al siguiente vuelo que seguro salía en 15 minutos.


El pedo, el gran gran pedo de todo esto es que el día siguiente (domingo) era mi vuelo de regreso a México desde Shanghai. Es decir, no había opción, tenía que regresar esa noche.


Cuando llego al aeropuerto empiezo a sentir un poquito que el alma se me quiere salir, así que voy corriendo a mostradores:

  • Buenas noches. ¿Tiene vuelos para Shanghai, que salgan ya ahorita, en corto, en este pinche mismo momento?
  • Pues teníamos uno, el último, que sale 21:10 (eran 21:20 o algo así).

(En ese momento si, mi alma abandonó mi cuerpo o de plano me cagué, todo es bastante confuso). Hasta que: 

  • Pero está retrasado, todavía podría abordar, pero corra!!!!

Y así fue, corrí, con una sonrisa en la cara, y llegué a Shanghai ya de madrugada, ya no había metro, tuve que pagar taxi pero lo logré.


Y pues subiendo cosas de viajes lo recordé y si, fue de mis primeras anécdotas de viaje y estuvo de huevos.








miércoles, 8 de enero de 2020

La aduana y yo

Hoy me dieron ganas de escribir. Bueno, siempre quiero escribir, pero ésta vez si lo haré.

En este momento vamos rumbo a Morelos, madrugué y ahora no me puedo dormir, así que tengo que dos opciones: o me emputo y hago berrinche o me pongo a escribir alguna pendejada.

Así que haré lo segundo. 

Alguna vez, cuando salí de la universidad, decidí buscar trabajo en algo más afín a lo que había “estudiado”. Verán, yo ya tenía un trabajo, pero eso será tema para otra ocasión. Básicamente, necesitaba conseguir algo nuevo.

Ahora bien, al chile en la escuela no había aprendido gran cosa, pero me sacaba de onda que mucha pandilla quería trabajar en algo de aduanas. Yo decía muy seguro:  “Ni madres, yo no voy a trabajar en esa madre.”

Y pues... valió verga. Era eso o trabajar en un banco, lo cual estaba muy de moda. Entré a trabajar en alguna empresa en la aduana.

El punto es que dentro de la aduana me encontré a un gran amigo, Raúl - del cual aprovecharé públicamente para darle un reconocimiento porque de él aprendí un chingo sobre cómo dar clases de inglés.

Bueno, pues éste culero tenía la prestación de comedor. Los de la empresa donde yo estaba ubicado también, el problema es que yo trabajaba para un tercero, así que no aplicaba para mí.

Pero éste wey era un tanto miserable y pasó algo así:

Wey, vamos a comer.
- Va, pero afuera, yo no puedo comer ahÍ
- No hay pedo, te formas conmigo y vemos que pedo

El punto es que lo hicimos... y no pasó nada 

Así que se empezó a hacer común. De hecho, los trabajadores se ubicaban por el color del chaleco que usaban (a mi me súper cagaba usar esa madre). Así que cada que era la hora de la comida, le decía a algún compañero que si tenía que me lo prestara y ya llegábamos bien vergotas a comer.

Se hizo tanto el cinismo, que en algún punto Raúl dejó de trabajar ahí y yo seguí yendo solo. Seguro los weyes que trabajaban conmigo me veían y se preguntaban: ¿éste wey que pedo? Pero no pasaba nada.

Alguna vez, supongo que la vida me lo cobró... o no, y solo fue un accidente. El punto es que hubo una epidemia de salmonela en el comedor por una barbacoa que dieron que estaba mala. Yo recuerdo que sabía bien chido, pero uno nunca sabe.

A mi no me dio tan cabrón, solo mucha fiebre y dolores bien feos, pero no pasó de quedarme encerrado leyendo el último libro de Harry Potter(esto fue en 2007)  con un baño muy cerca.

Aún así dije: Ps sigue siendo gratis. Y seguí yendo.

El problema se dio un sábado que me tocó hacer guardia. Había muy poca gente, pero aún así decidí ir a comer ps porque pendejo.

El punto es que había una lista... en la cual no me apunté. En la entrada siempre había un tipo guardia, el cual después de tanto tiempo ya era mi valedor. Pues bien, el lunes siguiente, cuando fui a comer, que agarra y que me dice:

Oye wey, exactamente, ¿tú para quien trabajas
- Para la empresa tal, ¿por?
- Es que me fijé el sábado y no estás en la lista

Yo muy indignado:

- ¿Cómo? Hijos de su puta madre, ¿es neta? Déjame le voy a reclamar.

Por supuesto que nunca volví a pararme ahí 🙈

Y por cierto, ya no trabajo en aduana. Desde hace 12 años.

viernes, 20 de julio de 2018

El gato ALV

Hoy decidimos que era tiempo de traer a Leia, la gatita de Janette, nuestra hija. 

Fue una bronca meterla al transportador, obvio se espantó, pero no queremos dejarla, es nuestra familia.

Por fin llegamos a la casa, estuvimos con ella acariciándola, quitándole el exceso de pelo (porque es cama nueva y suelta un chingo), enseñándole el lugar y tratando de hacerle ver por qué no puede brincar por la ventana... básicamente porque caería al vacío (#posmemato, tal vez pensó ella).

Cuando ya estuvo tranquila, bajamos por más cosas al coche, cosa de máximo 10 minutos. Cuando regresamos, no estaba Leia.

- Seguro está escondida - dijo Jan

Fuimos a buscarla en el único lugar donde tiene espacio, el closet, porque básicamente no tenemos nada, ni pinche internet. Y no estaba...

Empezamos a buscar por todos lados. O sea, no había manera de que se hubiera salido, cerramos todo. Y no aparecía. Empiezas a pensar: “¿cómo demonios?” “Fue secuestrada por un alien” “Se la comió Godzilla” “Se aventó por las alturas” 

Hasta me asomé buscando alguna señal... nada. Los minutos se hacían eternos.

De repente grita Jan: amor!

Voy corriendo... y...



lunes, 19 de marzo de 2018

La ESCA y yo


Todo empezó de una manera muy muy extraña. La verdad es que durante mis estudios en la ESCA mis amigos y yo nos distanciamos.

Así que durante algunos semestres estaba en otros grupos, fue donde conocí al Moy, pinche negro culero.

La verdad es que la escuela me valía madres. O sea, si quería terminar y todo pero después de tanto maestro pendejo ya me daba igual poner o no atención. Bastaba preparar la exposición 5 minutos antes, improvisar y ya.

Así es que el último semestre, cuando volvimos a estar todos en el mismo salón, fue Giovanni el entusiasta que en clase de Seminario de Titulación propuso:

- Hagamos algo chingón, una tesis por la que nos recuerden

Yo, entre mi cinismo y mi hartazgo sugerí:

- Hagámosla sobra la carrera y cómo es que ésta apesta

A esos weyes les pareció buena idea y todos nos emocionamos. Seguramente nos embriagamos de la emoción... o por el pretexto que hubiera sido, seguramente así fue. Fuimos, presentamos el proyecto, lo aprobaron y... ya. Durante meses no hicimos nada.

Fue el pinche negro culero del Moy quien me empezó a reventar las pelotas que para cuando hacíamos algo y que no sé qué y que la chingada.

Así que justo cuando faltaban como 3 semanas para terminar la carrera empezamos a hacer las cosas. Teníamos que partir de una base científica, así que tuvimos que redactar un montón de cosas sobre pedagogía y comportamiento humano. Al chile casi todo lo baje de internet.

Lo que sí hicimos fueron encuestas, propuestas, análisis. Y al final de cuentas la conclusión que hoy sigo defendiendo es que entramos en un círculo vicioso. 

Les explico por qué:
El maestro del IPN es sindicalizado, por lo que no importa lo que haga, LO QUE SEA, seguramente nunca lo van a correr, así que eventualmente la vocación le termina valiendo madre. Hoy entiendo que hay más factores, como el hecho de que las personas que defienden una posición de poder (mis vidos, el puesto de jefe de carrera es de 20 pesos, ternuras) asignan a los maestros como les da su chingada gana, en materias que no tienen nada que ver con su perfil. 

El alumno, en muchos casos huevón como éramos nosotros, cae en ese mismo estado de indiferencia. ¡Vamos! No ha visto nada que lo inspire, que le haga querer estudiar y crecer. La promesa de un futuro profesional suena aún muy lejos a esa edad.

Ese fue nuestro proyecto. 

Así que al terminar la escuela yo iba casi diario a buscar a mi asesor para pedirle fecha de presentación. Ya que lo habíamos terminado hubiera sido un idiota si no concluía todo el proceso de titulación. Vale la pena señalar que mi maestro nunca estaba disponible, creo que era alcohólico el wey (neta). Un día fui y ahí estaba el cabrón. Me vio, me dio el avión y seguimos adelante. Pero algo más pasó. Me llevó con Iván Ramírez Chavero, quien en ese entonces era jefe carrera.

Dice mi asesor:

- Este es el de que te hablé
- Ya veo, si lo conozco - dice Iván, para posteriormente decirme a mí:
- ¿Quieres dar clases?

Dije que sí. No sé por qué o que pensó. Yo sabía que ese sería de alguna manera un resultado lógico de lo que habíamos presentado y de que yo ya daba clases de inglés, solo no pensaba que fuera tan rápido. Me dio un papelito con el grupo, la materia y la hora (aún lo conservo).

Saliendo de ahí, me fui a mi carro (tenía un Chevy 2001) y pensé: “¿pero qué mierda acabo de hacer?” Pero también supe que no iba a caer en lo que criticaba, que tenía que estudiar, prepararme, crecer. Iván decía: cualquier persona inteligente puede dar una clase bien. Creo que tenía razón.

La primera vez que entré a un grupo, ese primer día, el nervio hizo que me doliera la barriga bien cabrón. Nunca había sentido eso y solo lo he vuelto a sentir hace poco (si lees esto, tú sabes por qué).

Estuve dos años dando clase como invitado. Lo cual representa que no me pagaban ni un quinto. Por puro pinche amor pues. Dos años después entre formalmente. En esos tiempos, con ayuda de Enrique Bravo y Eleazar Najera obtuve una base en el instituto. La neta le debo un montón a estos tres y nunca supe por qué. ¿Acaso les contaba chistes tan chingones?

Durante esos años me especialicé en lo que hago hoy, termine una maestría, seguí estudiando, aún hoy seguimos haciéndolo, esa es nuestra chamba como consultores. 

Durante esos años, varias veces, diferentes administraciones me cambiaban horarios, materias, incluso me cambiaron de carrera. Y lo soportaba, por idealista. Pero poco a poco te vas volviendo más cínico: dejas de preocuparte por la comunidad y esas mamadas y te empiezas a preocupar porque el alumno aprenda y ya. 

Y todo iba bien.

Hasta que llega la más reciente administración. Y de repente me quitan de las materias que tienen que ver con mi perfil para ponerme a dar cualquier cosa. Bajo diferentes argumentos que honestamente son pura pinche ñerada:
“Es que no vas a las juntas de academia”
“Es que no apoyas a la comunidad”
“Es que estas materias ya las diste” (si cabrón! Cuando era invitado y no me pagaban)
“Es que faltas mucho” (recuerden que tenga una chamba real que me exige más tiempo)
Pero hubo una que realmente me cagó la madre:
"Es que no sabe del tema”

¿Qué? Cabrón, puedes decirme vago, culero, flojo, borracho, impuntual, burlón, naco, lo que quieras. ¿Pero eso? ¿Neta? 

Así que no voy a ser humilde: considero que existimos muy pocas personas que realmente nos dedicamos a estudiar este pedo más allá de ser meramente operativos que viven al día. Y este pendejo viene a decir eso. Y está bien, si esas personas supieran más que yo. Pero NO es el caso. ¿Quieren sacarme por eso? 

¡Perfecto! Hagamos un examen, una prueba, un concurso, llámenle como quieran. Y que él quede peor evaluado que se vaya a la verga. Y que hagan eso con todos los profes, ¿no? Porque nada más no entendemos.

Así que también pensé: “eso nunca va a pasar” ¿Y qué pinche necesidad tengo, a estas alturas de mi vida, después de 12 años, de andar pidiendo que se respete el conocimiento del docente y por ende al alumno?

Lo intenté, neta que sí. Pero al final de cuentas no sé qué chingados les incomoda de mí, qué es lo que tanto les molesta o les amenaza, pero me mandaron a la verga. Y aquellos que fueron mis maestros, que yo conocí y que nada más no me enseñaban ni madres siguen ahí, dando lo mismo, así que ya no entiendo. ¿Qué se necesita? ¿Lamer huevos? ¿Ser parte del séquito de pendejitos que apoya a la administración esperando les regalen dinero? ¿Buscar un puesto más político?

Y entonces, después de todo eso, de tantas y tantas cosas, experiencias, alegrías, satisfacciones, risas, enojos, después de todo, ya no pude continuar.

Pero ha valido la pena, cada uno de esos 12 años. Es súper bonito que un alumno recuerde, o te agradezca, o escuchar: “gracias a ti me quedé en donde trabajo”. Es súper lindo saludarlos siempre, en conciertos, en bares, en la escuela, donde sea. Saber que crecen, que viven, que sueñan.

Así que gracias a ustedes, porque la neta, creo que el que está delante del salón siempre termina aprendiendo más.

Gracias vida, por todo lo que me has regalado, por tantos años de hacer lo que me apasionaba por el puro gusto de contribuir un poquito e intentar hacer una diferencia.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

El Insomnio y mis frustraciones

Son las 3:24 AM y no puedo dormir. Me encabrona bastante porque mañana tengo que terminar de dar curso y voy a andar todo estúpido (más de lo normal). Estaba viendo The Punisher y ya no seguí con el siguiente capítulo por ser responsable y pasan estas pendejadas.

Así que mejor saco una de mis frustraciones. Como seguramente saben, de las cosas que más me apasionan  es la música y eso me lleva a ir a conciertos cada que se presenta algo que me gusta. Pues hace poco fuimos a ver a los Auténticos Decadentes.

Llegamos corriendo porque teníamos ganas de ver a los abridores, Los Caligaris. Normalmente, es muy probable que exista algún pendejo que avienta la chela. No pasa nada, no me molesta, se me hace muy triste y un tremendo desperdicio, pero es parte del show. El problema fue que esta vez, no era cerveza. Y no fue un poco, como puede llegar a pasar.

O sea, ¿qué pedo? ¿Es neta? En ese momento pensé: ¿a qué pinche lugar vine? Si me sacó bastante de onda, me molestó y por varios minutos me puso triste. ¿Cómo defiendes un género después de esto? ¿Cómo argumentar contra algo así? Y luego entiendes, no, no es la música, es la gente.

Y seguro no faltará el pinche ñero que diga: “te falta barrio”. ¿Qué hace falta para eso? ¿Tirar basura? ¿Aventarle el carro al wey que quiere entrar al circuito? ¿Robarse algo? Probablemente baste con pensar: “cuando llegue el PRI estaremos mejor porque dejan robar” o “me van a dar un puesto chingón” (pueden cambiarlo por el pendejo del Peje, es lo mismo)

Entonces no, no se trata de que te falte barrio, vamos, debemos partir del hecho de que soy bastante naco y soy bien feliz siéndolo. Se trata de respeto. ¿En qué puto país vivimos? Es bien pinche fácil quejarse del sistema, del gobierno, del vecino, de TODO. ¿Y en dónde queda nuestra parte? Este tipo de eventos tiene mucho ese sentido: protesta. ¿Y hacemos estas mamadas? Entonces, algo tan simple como eso, hace que recuerde tantas cosas que me frustran de éste hermoso país. Podemos ser mejores.

Y no se trata de clases sociales, sino de respeto, de empatía. Así de simple. He hecho, como he mencionado anteriormente, demasiadas estupideces en mi vida. Pero aprendí de ello. Porque quiero ser mejor, quiero crecer. No me interesa quedarme en el mismo lugar toda mi vida y culpar a alguien más cuando la basura pasé. Y gran parte de eso es, si no voy a ayudar, tampoco tengo porque chingar a los demás.


En fin, volveré a tratar de dormir. Ahora ya me encabroné más por el insomnio y porque según los pendejos de Roxy iban a revelar el cartel del festival esta noche y sólo le hacen al imbécil, ya ni quiero ir (no es cierto, si voyir pero estoy de malas). Bye.


lunes, 7 de agosto de 2017

Los gatos, los pepinos y los cigarros

El otro día, tomando un par de cervezas con mi amigo Poli, por alguna razón recordó un vídeo donde los gatos se espantaban con los pepinos.

Si, sonaba muy estúpido, así que no le creí.

-         - Es neta - decía él

Y se puso a buscarlo y efectivamente, es real. Los gatos se espantan (muy cabrón) con los pepinos. Lo vimos muy contentos con su hija Sabi.

¿Y eso qué? Se preguntarán. Esperen, voy para allá

Por alguna razón, empezamos a hablar de festivales de música. Ahí donde todo es posible, lugar tan bello.

Y que agarro y que le digo:

-        - Está bien chido como la gente ahí se comparte todo... menos cigarros. Por alguna razón, nos sacamos de onda si nos piden.

Se queda pensando. Y yo haré una pausa para explicar que sí fumo. ¿Por qué? Por pendejo, por eso empecé, para sentirme cool. Tenía 13 años.

Cuando recordó, dice:

-         - Si wey, se sacan de pedo
-         - Está bien raro, todo lo demás sin bronca, chela, hasta comida.
-       - ... Es como si hubiera una relación entre los pepinos, los gatos y pedir cigarros. Quién sabe por qué se espantan.

Me dio mucha risa. Pinche analogía bien culera pero precisa: ¿por qué somos egoístas? ¿Por qué nos espanta pensar en el otro como si invadiera tu espacio?

Supongo que eso le pasa a los gatos. Y vamos desde el hecho de que somos egoístas con el carro (no dejamos pasar, no respetamos), con tirar basura (si, las colillas también cuentan y creo que hasta más), con no regresar el cambio que nos llegan a dar de más. Somos egoístas con las necesidades de lo demás en general, porque pensamos siempre primero en nosotros.

Pero hay cosas que aún nos pueden unir, como la música. Y aunque seamos hippies, de repente regresa el hecho de que algo nos frena a ser realmente una gran sociedad. Si, como el hecho de negar un cigarro sabiendo que traes un chingo, basura que eventualmente tirarás al piso.

Así que fue una gran reflexión, chafa, pero acertada. Aunque igual y él estaba pensando en otra cosa, quién sabe...